Estimado médico/a amigo o enemigo, me rehúso a
llamarte doctor porque para eso hay que tener publicada tesis doctoral lo que
implica un desarrollo académico distinto al de grado o al de una carrera de
especialización, así que, para empezar no más, te digo que me duele que me
quieras hacer creer que tenés un título que no tenés. Todas las empresas de
medicina prepaga, porque es a los médicos que se desarrollan en ellas que va
dirigida ésta, deberían consignar tu verdadero título en las cartillas y qué
universidad lo otorgó, ya que llamarte doctor si no lo sos es una gran mentira
y, no informar en que universidad te graduaste, es ocultar.
Quiero decirte que te agradezco todo lo que hiciste
por mí, curarme una uña encarnada, salvarme de un cáncer, operarme un quiste, y
todo. No obstante me gustaría que nuestra relación fuese diferente, más
directa, más humana, más honesta. Claro, si no es mucho pedir.
Para empezar te cuento que lo que más me duele es que
no te hayas dado cuenta de que llevamos treinta años de democracia y que vos y
tu corporación profesional deberían poder aggiornase para bien de todos a ese
gran cambio. El estado de derecho está vigente, y como una vez le escuché decir
a E. R. Zaffaroni, en él somos todos militantes, es por eso que, para militar
un rato, te escribo.
Y hablando de estado de derecho me duele que no te des
cuenta de que somos iguales ante la ley. ¿Te molesta que te tutee, que te trate
de igual a igual? Mirá que hay creerse dios (che, te pongo en minúscula) para
creer que el paciente que tenés enfrente no tiene los mismos derechos que vos,
cosa que, perjudica directamente esa relación médico-paciente que debieras privilegiar.
Y esto se evidencia cuando me querés hacer firmar el consentimiento sin dejármelo
leer, te negás a darme una copia, y además cuando mentís de la manera que lo
haces en la historia clínica. Te cuento porque veo que no lo sabés que durante
el siglo XIX se mundializó un fenómeno, la escuela, era necesario que podamos
leer para relacionarnos a través del derecho positivo –escrito-. Y vos que
fuiste a la universidad no me dejas leer a mí que también fui a la universidad.
Me duele mucho verte trabajar en condiciones laborales
tan inapropiadas para brindar salud, casi como un prostíbulo donde el dueño de
la prepaga es el cafiolo, -y cuando digo esto me acuerdo del médico empresario
de la novela ¿A qué hora murió el enfermo?, de Silvina Bullrich-, vos sos “la chica”
depositada en un cubículo buscando que el cliente haga lo que le conviene al
cafiolo -dé el menor gasto posible-, ya sea porque lo atendés en 10’, porque le haces mal la
receta para que en la farmacia no le hagan el descuento, porque prescribís un
tratamiento barato no importa que no sea el adecuado para el paciente, porque
lo citas con preparación quirúrgica sin informarle todos los requisitos
formales necesarios, con el fin de que se vea en la necesidad de dejar un
depósito que compense el no haber hecho el
trámite que no fue informado y no perder la preparación, entre otras
tantas triquiñuelas. No, si sos ¡tan buen alumno! Claro, si no haces los
deberes ni siquiera te tienen que echar, te dejan de pasar clientes y listo,
¿no te dije que funciona como un prostíbulo? entonces, a la par que perdés el
tiempo ahí solito en tu cubículo, no facturás. Me duele que te dejes robar así
la plusvalía, las cargas sociales y el costo de oportunidad. Pero esto no es
porque haya un señor dueño médico cafiolo malo que te hace hacer lo que no
querés, es porque, y acá va otra cosa que me duele, que es verte actuar como
corporación, con espíritu de cuerpo, y ver cuanto te cuesta lograr tu propia
identidad desde ese todo tomando tus propias decisiones, poniendo algo más
valioso por delante como el conocimiento
médico o la verdad. En todo lo que pasa en el sistema prepago de salud vos
tenés responsabilidad. Vos podes denunciar al cafiolo por coacción cuando te
obliga a hacer algo que no se hace, que esté contra la ley, que vos, según
decís, no querés hacer, ya que, en Argentina la libertad es una garantía constitucional…
y, ¿que te pasa que no lo denuncias? Hacé
algo, mirá te lo digo en inglés y en capicúa: This is the moment, this is. Te
lo digo en criollo: A cada chancho, le llega su cambio cultural.
Estoy segura de que estudiaste mucho, no lo dudo,
porque el sistema de educación superior argentino forma excelentes médicos.
Cuando las prepagas dicen “nuestros médicos” mienten, ¡aramos dijo el
mosquito!, ellos no formaron a nadie, usufructúan un bien que pagamos todos con
nuestros impuestos, a veces las familias con cuotas o vos mismo que no
facturaste nada durante los largos, y cuando digo largos, son largos años que
te llevó formarte (eso es lo que en financiamiento educativo se llama: costo de
oportunidad). Hagamos “un supongamos”: supongamos que el sistema privado de
salud se tuviese que abastecer sólo con los graduados médicos de las
universidades privadas –que en Argentina no tienen fines de lucro, hay que
aclararlo-. ¿Qué pasaría? Que los señores oros y platas tendrían recurso humano
apenas para tapar una caries. Necesitan del desarrollo de las centenarias y
prestigiosas universidades nacionales, públicas y gratuitas. Ves, porqué te
digo que las cartillas tienen que informar en que universidad se graduó cada
profesional.
Pero retomo, y continúo: aunque estudiaste mucho, lo
más probable es que no te haya tocado leer a un brillante biólogo que se
llamaba Jean Piaget quien tuvo la idea de distinguir entre moral autónoma y
heterónoma. La heterónoma es el espíritu de cuerpo al que hice referencia y
¿sabés qué?, es propia de niños pequeños.
Me duele ver que no puedas madurar.
Otro cambio que traen estos tiempos que corren y que
vas a tener que considerar es el acceso a la información a través de la web y
los medios de comunicación. Así como todos somos iguales ante la ley, hay una
perspectiva de que todos seamos iguales a la hora de obtener información –no sé
si te enteraste de la plena vigencia de la ley de servicios de comunicación
audiovisual o del programa conectar igualdad- y esto te pone en el más incómodo
lugar. No es que el paciente no tiene que buscar información por su cuenta,
porque se confunde, no puede o no sabe, eso es mentira, si sabe, si puede, lo
que pasa es que vos va a tener que dejar de mentir y manipular.
Dios con minúsculas (acá te puse en mayúsculas porque
está al principio de la oración), no hace falta que decidas por mí, yo puedo
decidir por mi salud. Siempre que decidas por otro te vas a equivocar porque
cualquiera es alguien para pensar por si mismo. Simplemente infórmame con
honestidad. Me duele cuando me mentís y
yo ya encontré y corroboré la información en la web o donde sea, con una
velocidad de mi generación que vos no tenés. No sabés lo mal que quedás.
Además, en mi caso, ser mujer en todo esto le pone,
digamos, un toque. No importa si sos médico o medica, ambos por igual pueden
estar tomados por prejuicios al respecto. ¿Te acordás de la revolución
francesa? La declaración de los derechos del hombre y del ciudadano eran
li-te-ral-men-te del hombre (blanco y burgués) porque la mujer al igual que los
niños y los locos tenían presunción de minoridad. Veo que en eso te quedaste
por el 1789, pero sabrás que en esto, los tiempos también cambiaron, y que las
mujeres decidimos por nuestros cuerpos, solitas. Actualizar tu formación en cuestiones
de género, aunque sea, con la ley de educación sexual que se aplica con los
nenes y nenas en las escuelas, no te vendría nada mal.
Con todo lo dicho hasta acá, verás que, cuando me
siento mal, lo que menos tengo es ganas
de ir a consultarte, que no confío en vos, porque de solo verte se me pasa por la cabeza
todo esto que lo pienso todo a la vez. Y si hay algo que da cuenta de mi salud
es la posibilidad de ponerlo en palabras. Tristemente pienso que el que padece
una enfermedad social sos vos. Te pido por favor que (te) mejores porque la
relación (transferencial) no da para más.
Una paciente con mucha paciencia
Redactado 23-03-2014
“Aún bajo amenazas, no admitiré utilizar
mis conocimientos médicos contra las leyes de la humanidad.”
Del Juramento hipocrático.