Mala praxis médica: hablemos de lo que molesta

Cada vez que se comete un acto de negligencia profesional médica, no pierde el paciente, ni el médico, ni los seguros, ni los familiares... perdemos todos. ¿Por qué? Cuesta entender aquello que constituye un bien colectivo, y la salud de la comunidad lo es. Si algo que puede salir bien, pero, se hace mal, y sale mal sin justificativo, la situación es perjudicial para toda la comunidad. Los casos de negligencia médica atraviesan todos los sectores y las clases sociales, se dan en contextos de pocos recursos, pero también, en situaciones donde no falta nada e igual se opta por hacer las cosas "a la bartola". ¿Qué lleva a la cultura del riesgo a profesionales que accedieron al más alto nivel educativo? Este es un interrogante que a muchos avergüenza contestar.

sábado, 18 de julio de 2015

Dr., me duele acá…

Estimado médico/a amigo o enemigo, me rehúso a llamarte doctor porque para eso hay que tener publicada tesis doctoral lo que implica un desarrollo académico distinto al de grado o al de una carrera de especialización, así que, para empezar no más, te digo que me duele que me quieras hacer creer que tenés un título que no tenés. Todas las empresas de medicina prepaga, porque es a los médicos que se desarrollan en ellas que va dirigida ésta, deberían consignar tu verdadero título en las cartillas y qué universidad lo otorgó, ya que llamarte doctor si no lo sos es una gran mentira y, no informar en que universidad te graduaste, es ocultar.
Quiero decirte que te agradezco todo lo que hiciste por mí, curarme una uña encarnada, salvarme de un cáncer, operarme un quiste, y todo. No obstante me gustaría que nuestra relación fuese diferente, más directa, más humana, más honesta. Claro, si no es mucho pedir.

Para empezar te cuento que lo que más me duele es que no te hayas dado cuenta de que llevamos treinta años de democracia y que vos y tu corporación profesional deberían poder aggiornase para bien de todos a ese gran cambio. El estado de derecho está vigente, y como una vez le escuché decir a E. R. Zaffaroni, en él somos todos militantes, es por eso que, para militar un rato, te escribo.
Y hablando de estado de derecho me duele que no te des cuenta de que somos iguales ante la ley. ¿Te molesta que te tutee, que te trate de igual a igual? Mirá que hay creerse dios (che, te pongo en minúscula) para creer que el paciente que tenés enfrente no tiene los mismos derechos que vos, cosa que, perjudica directamente esa relación médico-paciente que debieras privilegiar. Y esto se evidencia cuando me querés hacer firmar el consentimiento sin dejármelo leer, te negás a darme una copia, y además cuando mentís de la manera que lo haces en la historia clínica. Te cuento porque veo que no lo sabés que durante el siglo XIX se mundializó un fenómeno, la escuela, era necesario que podamos leer para relacionarnos a través del derecho positivo –escrito-. Y vos que fuiste a la universidad no me dejas leer a mí que también fui a la universidad.  
Me duele mucho verte trabajar en condiciones laborales tan inapropiadas para brindar salud, casi como un prostíbulo donde el dueño de la prepaga es el cafiolo, -y cuando digo esto me acuerdo del médico empresario de la novela ¿A qué hora murió el enfermo?, de Silvina Bullrich-,  vos sos “la chica”[1] depositada en un cubículo buscando que el cliente haga lo que le conviene al cafiolo -dé el menor gasto posible-, ya sea porque lo atendés en 10’, porque le haces mal la receta para que en la farmacia no le hagan el descuento, porque prescribís un tratamiento barato no importa que no sea el adecuado para el paciente, porque lo citas con preparación quirúrgica sin informarle todos los requisitos formales necesarios, con el fin de que se vea en la necesidad de dejar un depósito que compense el no haber hecho el  trámite que no fue informado y no perder la preparación, entre otras tantas triquiñuelas. No, si sos ¡tan buen alumno! Claro, si no haces los deberes ni siquiera te tienen que echar, te dejan de pasar clientes y listo, ¿no te dije que funciona como un prostíbulo? entonces, a la par que perdés el tiempo ahí solito en tu cubículo, no facturás. Me duele que te dejes robar así la plusvalía, las cargas sociales y el costo de oportunidad. Pero esto no es porque haya un señor dueño médico cafiolo malo que te hace hacer lo que no querés, es porque, y acá va otra cosa que me duele, que es verte actuar como corporación, con espíritu de cuerpo, y ver cuanto te cuesta lograr tu propia identidad desde ese todo tomando tus propias decisiones, poniendo algo más valioso por delante como el  conocimiento médico o la verdad. En todo lo que pasa en el sistema prepago de salud vos tenés responsabilidad. Vos podes denunciar al cafiolo por coacción cuando te obliga a hacer algo que no se hace, que esté contra la ley, que vos, según decís, no querés hacer, ya que, en Argentina la libertad es una garantía constitucional… y,  ¿que te pasa que no lo denuncias? Hacé algo, mirá te lo digo en inglés y en capicúa: This is the moment, this is. Te lo digo en criollo: A cada chancho, le llega su cambio cultural.
Estoy segura de que estudiaste mucho, no lo dudo, porque el sistema de educación superior argentino forma excelentes médicos. Cuando las prepagas dicen “nuestros médicos” mienten, ¡aramos dijo el mosquito!, ellos no formaron a nadie, usufructúan un bien que pagamos todos con nuestros impuestos, a veces las familias con cuotas o vos mismo que no facturaste nada durante los largos, y cuando digo largos, son largos años que te llevó formarte (eso es lo que en financiamiento educativo se llama: costo de oportunidad). Hagamos “un supongamos”: supongamos que el sistema privado de salud se tuviese que abastecer sólo con los graduados médicos de las universidades privadas –que en Argentina no tienen fines de lucro, hay que aclararlo-. ¿Qué pasaría? Que los señores oros y platas tendrían recurso humano apenas para tapar una caries. Necesitan del desarrollo de las centenarias y prestigiosas universidades nacionales, públicas y gratuitas. Ves, porqué te digo que las cartillas tienen que informar en que universidad se graduó cada profesional.  
Pero retomo, y continúo: aunque estudiaste mucho, lo más probable es que no te haya tocado leer a un brillante biólogo que se llamaba Jean Piaget quien tuvo la idea de distinguir entre moral autónoma y heterónoma. La heterónoma es el espíritu de cuerpo al que hice referencia y ¿sabés qué?, es propia de niños pequeños.  Me duele ver que no puedas madurar.
Otro cambio que traen estos tiempos que corren y que vas a tener que considerar es el acceso a la información a través de la web y los medios de comunicación. Así como todos somos iguales ante la ley, hay una perspectiva de que todos seamos iguales a la hora de obtener información –no sé si te enteraste de la plena vigencia de la ley de servicios de comunicación audiovisual o del programa conectar igualdad- y esto te pone en el más incómodo lugar. No es que el paciente no tiene que buscar información por su cuenta, porque se confunde, no puede o no sabe, eso es mentira, si sabe, si puede, lo que pasa es que vos va a tener que dejar de mentir y manipular.
Dios con minúsculas (acá te puse en mayúsculas porque está al principio de la oración), no hace falta que decidas por mí, yo puedo decidir por mi salud. Siempre que decidas por otro te vas a equivocar porque cualquiera es alguien para pensar por si mismo. Simplemente infórmame con honestidad.  Me duele cuando me mentís y yo ya encontré y corroboré la información en la web o donde sea, con una velocidad de mi generación que vos no tenés. No sabés lo mal que quedás.
Además, en mi caso, ser mujer en todo esto le pone, digamos, un toque. No importa si sos médico o medica, ambos por igual pueden estar tomados por prejuicios al respecto. ¿Te acordás de la revolución francesa? La declaración de los derechos del hombre y del ciudadano eran li-te-ral-men-te del hombre (blanco y burgués) porque la mujer al igual que los niños y los locos tenían presunción de minoridad. Veo que en eso te quedaste por el 1789, pero sabrás que en esto, los tiempos también cambiaron, y que las mujeres decidimos por nuestros cuerpos, solitas. Actualizar tu formación en cuestiones de género, aunque sea, con la ley de educación sexual que se aplica con los nenes y nenas en las escuelas, no te vendría nada mal.   
Con todo lo dicho hasta acá, verás que, cuando me siento mal,  lo que menos tengo es ganas de ir a consultarte, que no confío en vos,  porque de solo verte se me pasa por la cabeza todo esto que lo pienso todo a la vez. Y si hay algo que da cuenta de mi salud es la posibilidad de ponerlo en palabras. Tristemente pienso que el que padece una enfermedad social sos vos. Te pido por favor que (te) mejores porque la relación (transferencial) no da para más.
Una paciente con mucha paciencia
Redactado 23-03-2014


“Aún bajo amenazas, no admitiré utilizar mis conocimientos médicos contra las leyes de la humanidad.”
Del Juramento hipocrático.




[1] Y cuando digo esto lo hago como metáfora, respetando el trabajo autónomo de las trabajadoras sexuales y, repudiando  con todo el asco del mundo a la trata de personas.